jueves, 20 de noviembre de 2014

disfraces



¿Cuándo fue aquello de salir calvos
a la calle, con túnicas de raso
y un par de muérdagos en cada mano,
buscando un tronco o una rendija cálida
como búhos sin presa y sin cobijo?

¿Cuándo aquellos clarinetes reían,
llevando los ojos hacia el poniente,
que no somos más que vino y cordero?

¿O tal vez ahora es cuando sucede
y es ahora el desfile y ahora es martes,
aunque parezca ocaso de festivo
y la calle simule pasarela
que alberga disfraces de alta costura?

Yo ya no recuerdo, después de todo,
si empezó el mismo día el dolor
o si fue algo más tarde; quizá hoy,
llena la casa de pechos y dulces.

Yo ya no recuerdo -después de todo
para qué acordarse de grises días-,
qué nos hizo caminar con las ingles
punzadas, las miradas decaídas,
detrás de esa algarabía que espanta
el torpe pasear de las palomas.

Yo ya no sé por qué se levantaron
muros que venzan el paso del tiempo,
si nada ha sucedido y nada ocurre,
y todo es demolido mientras Ella
Fitzgerald canta un blues en el balcón
invisible: make love to me, my darling.

                                       
                                                      -de Poética del Día Rojo-




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